Hace 250 millones de años la Tierra perdió el 90% de las especies: así volvió la vida al océano


Hace unos 250 millones de años, el planeta Tierra atravesó la mayor crisis biológica de su historia. Durante el final del período Pérmico, una serie de eventos extremos provocó una extinción masiva que arrasó con la vida en los océanos y cambió para siempre el equilibrio ecológico global.

Según un estudio publicado por Science Advances, se estima que cerca del 90% de las especies marinas desaparecieron, afectando desde organismos microscópicos hasta grandes depredadores. Este colapso estuvo asociado a erupciones volcánicas masivas y cambios químicos en los océanos que alteraron las condiciones de vida.

Durante mucho tiempo, los científicos creyeron que esta catástrofe había destruido por completo las redes alimentarias marinas, dejando ecosistemas simples y con una recuperación extremadamente lenta.

Sin embargo, nuevas investigaciones comienzan a cuestionar esa idea y muestran un panorama más complejo sobre cómo la vida logró reorganizarse después de uno de los eventos más devastadores del planeta.

El estudio publicado en Science Advances en 2025 analizó registros fósiles de distintas regiones del mundo para entender cómo se reconfiguraron los océanos tras la extinción. Los resultados indican que, aunque la pérdida de especies fue enorme, algunos grupos lograron resistir.

Entre ellos se encuentran ciertos bivalvos (almejas y mejillones), gasterópodos, braquiópodos y foraminíferos, organismos capaces de adaptarse a condiciones extremas. Estas especies toleraban ambientes con altas temperaturas y bajos niveles de oxígeno, lo que les permitió sobrevivir cuando otras formas de vida desaparecieron.

Gracias a esa resistencia, pudieron ocupar rápidamente los nichos vacíos y convertirse en la base de los nuevos ecosistemas marinos.

Los investigadores utilizaron modelos ecológicos junto con datos fósiles para reconstruir la red alimentaria marina antes y después de la extinción. El análisis reveló que no hubo un colapso total en todos los casos. En algunas regiones, ciertos depredadores y niveles intermedios de la cadena alimentaria lograron mantenerse activos.

Esto permitió que las redes ecológicas conservaran parte de su estructura, facilitando una recuperación más rápida y compleja de lo que se había planteado durante décadas. En lugar de un ecosistema completamente devastado, los océanos mostraron una reorganización progresiva con múltiples actores clave.

Uno de los hallazgos más relevantes es que la recuperación no fue igual en todo el mundo. En algunas zonas, como lo que hoy es China, los registros fósiles muestran la persistencia de grandes depredadores incluso después del evento.

En otras regiones, en cambio, la reconstrucción de las cadenas alimentarias fue más lenta y los niveles superiores tardaron más en restablecerse. Estas diferencias sugieren que factores locales, como la temperatura del agua, la disponibilidad de oxígeno y las condiciones geográficas, jugaron un papel determinante en la evolución de cada ecosistema.

El estudio ofrece una nueva perspectiva sobre la capacidad de los ecosistemas para resistir y reorganizarse frente a crisis extremas. La supervivencia de ciertos organismos y la persistencia de estructuras ecológicas clave indican que la recuperación no siempre sigue un único patrón ni depende exclusivamente del tiempo.

Fuente: www.clarin.com

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